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Francia y México exhiben el Códice Azcatitlan en el Museo Nacional de Antropología.

hace 1 hora
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El documento de los siglos XVI y XVII, en resguardo de la Biblioteca Nacional de Francia, vuelve a su país de origen, desde su salida en 1848, para ser expuesto temporalmente ante el público mexicano.


Su contenido narra 500 años de historia: desde la fundación de la capital del imperio mexica y la sucesión de sus emperadores, hasta la llegada de los españoles y el sufrimiento de la población indígena.


Su exposición forma parte de las actividades por los 200 años de relaciones entre Francia y México, país que exhibirá en París el Códice Boturini.


Después de casi dos siglos fuera de su país, el Códice Azcatitlan regresa a su lugar de origen para ser apreciado dentro de la exposición El Códice Azcatitlan. México-Francia, 200 años de amistad, que abrirá sus puertas del 18 de septiembre al 6 de diciembre de 2026 en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional de Antropología de la capital mexicana.


La muestra es organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia, junto con el Ministerio de Cultura de Francia, mediante la Biblioteca Nacional de Francia, la cual resguarda el manuscrito de manufactura indígena y que narra cinco siglos de historia mexica: origen, florecimiento, ocaso y transformación de esta cultura.


En reciprocidad por este préstamo, México enviará a la Biblioteca Nacional de Francia el Códice Boturini, en poder de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de la capital mexicana y que da cuenta del periplo de las 12 tribus de Aztlán hasta la fundación de Tenochtitlan, la capital del imperio mexica.


Durante la inauguración, Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura del Gobierno de México, destacó que la llegada del manuscrito abre nuevas posibilidades para acercarse al pasado y ampliar el acceso a este patrimonio. “El conocimiento sobre nuestro pasado sigue y seguirá siempre en construcción. Esta cooperación entre nuestros países ampliará, sin duda, el acceso a este patrimonio y permite que estos documentos sean conocidos más allá de los lugares donde se conservan”, señaló.


Por su parte, Jean-Charles Bédague, director de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia, destacó que el intercambio abre la posibilidad de estudiar los códices desde distintas instituciones y poner en diálogo documentos que la historia llevó por caminos diferentes. “Ninguna institución, por más rica que sea, puede pretender agotar sola el sentido de las colecciones que resguardan”, expresó.


En su opinión, este tipo de colaboraciones permite acercar piezas que hoy se encuentran en acervos de distintos países y generar nuevas lecturas sobre ellas. “Abolir las distancias sin abolir las diferencias, acercar lo que la historia dispersó, permitir a las obras y a los documentos que entren en las en nuevas constelaciones del saber”, explicó.


La pieza central de esta muestra -con entrada libre- es el manuscrito pictórico, elaborado entre los siglos XVI y XVII en papel europeo y conformado por 25 folios. De acuerdo con los especialistas, se trata de uno de los testimonios más valiosos para comprender la civilización mexica y la herencia indígena en el contexto de las complejas interacciones entre culturas.


Delphine Borione, embajadora de Francia en México, señaló que la presentación de los dos códices permitirá acercar la historia mexicana a públicos de ambos países. “Las exposiciones del Códice Azcatitlan en México y del Códice Boturini en París presentan una oportunidad extraordinaria para que el público mexicano, francés y visitantes de todo el mundo conozcan mejor la riqueza y la diversidad de la historia mexicana”.


La exposición de ambos manuscritos ilustrados se enmarca dentro de la Gran Fiesta Franco-Mexicana, el programa cultural binacional que contempla cerca de 200 actividades. Por ello, Roberto Velasco, secretario de Relaciones Exteriores, destacó que este intercambio muestra también el papel que puede desempeñar la cultura en la relación entre las dos naciones.


“Hoy la diplomacia cumple una de sus tareas más nobles. Reunir a un pueblo con su memoria”, señaló el Canciller mexicano al explicar que la colaboración busca ir más allá de la exhibición de los códices y contempla acciones de investigación conjunta, digitalización en acceso abierto e intercambio de conservadores y especialistas.


Uno de ellos es Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, de México, encargado de presentar el Códice Azcatitlan y su relación con otros documentos que registraron el devenir del pueblo mexica.


“El Códice Azcatitlan se puede considerar como parte de un grupo de códices que narran la historia del pueblo mexica desde la salida de Aztlán hasta la fundación de México y de Tlatelolco. Por consiguiente, este es un manuscrito relevante para nosotros como mexicanos, pero también se inscribe dentro de esa gran tradición historiográfica donde los pueblos intentan narrar, contar sus historias, que siguen teniendo en la actualidad una gran relevancia como parte de la identidad de los pueblos”, señaló.


Desde su elaboración, este manuscrito vivió un largo y difuso periplo en ambos lados del Océano Atlántico. Llegó a Francia cuando el investigador Joseph Aubin, director de la sección científica de la Escuela Normal Superior, volvió a su patria, llevando consigo su colección de documentos indígenas. De ahí pasó a manos del coleccionista franco-mexicano Eugéne Goupil, cuya viuda la donó a la Biblioteca Nacional de Francia al finalizar el siglo XIX.


La exposición El Códice Azcatitlan. México-Francia, 200 años de amistad incluye facsimilares de nueve manuscritos prehispánicos y novohispanos, entre ellos el Bodley, el Boturini, el De la Cruz-Badiano y el Mendocino, además de piezas arqueológicas y etnográficas relacionadas con los materiales, técnicas y símbolos presentes en estos documentos.





 
 
 

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